Wednesday, October 11, 2006

La voz del eco



Hay una playa con la que soñé un día. Un murmullo que se alejaba de su orilla y que tenía el sonido de mil voces pronunciando un nombre. Aquel era tu nombre, pero entonces yo no lo conocía. Recuerdo que en esa playa había un muelle que parecía el inmenso espinazo de una ballena que había quedado varado hace miles de años en ese lugar. Yo recorrí cada paso de ese muelle-espinazo, conté todas las olas que corrían por debajo y aún pude escuchar a los delfines cantar una canción que solo se oye en el fondo del mar.

Cada tonalidad del crepúsculo se quedó grabada en mi memoria, al igual que cada vez que el mundo giraba conmigo y creaba la ilusión del sol zambulléndose en el mar. Todos esos colores acompañaban una soledad muy honda que poco a poco se iba alejando con el viento y su prisa habitual. A veces la memoria actúa de forma extraña, en especial cundo te asalta la melancolía y de repente descubres que es la única compañía que tienes. Una playa que visité muchas veces y que siempre era la misma.

¿Sabes cuando cambió todo eso? El día que en la arena dejaron de aparecer sólo mis huellas, pues tú estabas a mi lado. Entonces el nombre que solía cantar cada ola nos hacía reír y tú decías que aquel muelle no era el espinazo de una ballena prehistórica. Tu voz se confundía con el viento esa tarde.

Un día podrás escuchar la verdadera voz del eco, entonces todo será diferente, pero hasta entonces, seguiremos contando los atardeceres, aquí, en la playa que nos pertenece.


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